
Si quieres concentrarte profundamente en algún problema, y especialmente en algún texto o documento, deberías tener un gato. A solas con el gato en la habitación donde trabajas… el gato invariablemente se subirá a tu escritorio y se acomodará plácidamente bajo la lámpara… El gato se tranquilizará, con una serenidad que sobrepasa toda comprensión. Y la tranquilidad del gato te afectará gradualmente, sentado allí en tu escritorio, de modo que todas las cualidades nerviosas que impiden tu concentración se calmarán y tu mente recuperará el control que ha perdido. No necesitas vigilar al gato todo el tiempo. Su sola presencia es suficiente. El efecto de un gato en tu concentración es notable, muy misterioso.
Un grito muy lejos de Kensington

Muriel Spark
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