
Siempre había creído que la vida era lo real, lo natural, y que la muerte era simplemente el fin de la existencia. Ahora, en este lugar sin vida, vi con terrible claridad que la muerte era la constante, la base, y la vida solo un sueño breve y frágil. Ya estaba muerto. Había nacido muerte, y lo que yo creía que era mi vida no era más que un juego que la muerte me permitía jugar mientras esperaba para llevarme… La muerte tiene un opuesto, pero ese opuesto no es la mera existencia. No es el coraje, ni la fe, ni la voluntad humana. El opuesto de la muerte es el amor. ¿Cómo lo había pasado por alto? ¿Cómo puede alguien pasarlo por alto? El amor es nuestra única arma. Solo el amor puede convertir la mera vida en un milagro y extraer un significado precioso del sufrimiento y el miedo. Por un breve y mágico instante, todos mis miedos se desvanecieron y supe que no dejaría que la muerte me controlara. Caminaría por el país desolado que me separaba de mi hogar con amor y esperanza en mi corazón. Caminaba hasta agotarme por completo, y cuando me caía, moría mucho más cerca de mi padre.
Milagro en los Andes

Nando Parrado
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