
Cuando las mujeres no encajan en el estereotipo de la Doncella de Hierro [expectativas/suposiciones sociales sobre el cuerpo femenino], se nos tacha de monstruosas, y la Doncella de Hierro es precisamente aquello en lo que ninguna mujer encaja, ni encajará jamás. Se nos pide que nos sintamos como monstruos, aunque estemos sanas y físicamente funcionales. Los cirujanos se aprovechan del doble rasero del mito sobre la función del cuerpo. El muslo del hombre es para caminar, pero el de la mujer es para caminar y lucir «bella». Si las mujeres podemos caminar, pero creemos que nuestras extremidades tienen un aspecto extraño, sentimos que nuestros cuerpos no pueden cumplir su función; nos sentimos tan genuinamente deformadas y discapacitadas como se sentía enfermo el hipocondríaco victoriano.
El mito de la belleza

Naomi Wolf
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