
Le pareció gracioso cómo el pobre medio ambiente había sido violado sin problemas hasta que hubo un exceso suficiente de personas que habían llevado a cabo la violación para producir un número suficiente de ellos mismos que eran lo suficientemente ociosos como para comenzar a protestar por la violación del medio ambiente, que para entonces ya estaba irremediablemente perdido por la violación. Y esta sería la gran y relajante música de catedral, la detención de las motosierras en medio del repiqueteo de la lluvia ácida, que todos los buenos ciudadanos escucharían durante el cuarto de siglo que les tomó conectarse al ciberespacio y olvidarse de la tierra perdida, desesperada y arrasada por pandillas, reproduciéndose locamente todavía todo el tiempo, dentro de sus búnkeres escuchando NPR.
Los hombres de la señora Hollingsworth

Padgett Powell
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