
Hay un dolor del que no puedes salir pensando. No puedes hablar de él. Si hubiera alguien con quien hablar. Puedes caminar. Un pie, el otro. Inspirar, espirar. Beber del arroyo. Orinar. Comer las tiras de venado. Y. No puedes metabolizar la pérdida. Está en las células de tu cara, tu pecho, detrás de los ojos, en los retorcimientos del estómago. Músculos, tendones, huesos. Es todo tú. Cuando caminas, lo impulsas hacia adelante. Cuando sueltas el trineo y te sientas en un tronco caído y. Lo imaginas acurrucado en el único trozo de sol, tal vez acostado sobre tus pies. Entonces se sienta contigo, el Dolor pone su brazo sobre tus hombros. Es tu amigo más cercano. Firme. Y por la noche no puedes soportar oír tu propia respiración sin la compañía de otra y debajo de la gran quietud, como una partitura, está el rugido de la catarata de todo siendo y siendo arrancado. Entonces. El Dolor está acostado a tu lado, cerca. No te molesta ni siquiera el sonido de la respiración.
Las estrellas caninas

Pedro Heller
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras