
El señor Klamp impuso las reglas. Nada de impuntualidad, nada de hablar a más de 40 decibelios, nada de cordones desatados, nada de ropa interior visible, nada de comer, nada de chicle, nada de tabaco de mascar, nada de nueces de betel, nada de hojas de coca, nada de regañar a los alumnos (a menos que fuera el propio señor Klamp), nada de regañar a los profesores (a menos que fuera el mismo señor), nada de muestras innecesarias de mal genio (a menos que fuera el mismo señor), nada de muestras innecesarias de afecto (sin excepciones), nada de mascotas de más de una onza o menos de una tonelada, y nada de cantar, excepto en búlgaro. Empecé a pensar que el señor Klamp no sería tan malo…
Entusiasmo

Polly Shulman
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