
El contexto lo es todo, tanto en la narrativa como en la vida real, y si bien nunca se acusa a estos creadores de discriminar deliberadamente a los personajes homosexuales y femeninos, la implicación inevitable es que deberían haber sido más prudentes y no contribuir al conjunto de historias que, en general, hacen precisamente eso. Y si quienes elaboran las listas pueden identificar la tendencia con tanta precisión —si, a pesar de todas las justificaciones, protestas y contextualizaciones individuales de los autores, estos problemas aún persisten—, entonces la responsabilidad, por muy desvinculada que esté del trabajo de cualquier individuo en particular, recae sobre ellos, en su papel de creadores culturales, para reconocer el problema; para mejorar la próxima vez; quizás incluso para disculparse. Este último punto es particularmente problemático. En general, los seres humanos no suelen disculparse voluntariamente por cosas que perciben como culpa de otros, por la sencilla razón de que la disculpa implica culpa, y ¿cómo podemos sentirnos culpables —o mejor dicho, por qué deberíamos— si no somos nosotros los culpables? Pero aunque podamos discutir sobre quién rompió un jarrón, el jarrón en sí sigue roto y seguirá así, con sus fragmentos incrustados en la alfombra, hasta que alguien decida limpiarlo. Entrada de blog: Love Team Freezer

Praderas Foz
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