
¿Cómo lo hiciste? —Acerqué la taza de té a mi boca para otro sorbo—. ¿Cómo guiaste el alma de Sophie? Pensé que eras un segador. —Es ambos —dijo Nash detrás de mí, y me giré justo cuando siguió a mi padre por la puerta principal, bajándose las mangas largas una a una. Él y mi padre acababan de cargar el sofá de seda blanca de la tía Val en la parte trasera del camión de mi tío, para que no tuviera que lidiar con las manchas de sangre cuando él y Sohie regresaran del hospital—. Tod es muy talentoso. Tod se apartó el rizo de la cara y frunció el ceño. Harmony habló desde la cocina cuando la puerta del horno se abrió con un chirrido. —Mis dos hijos son talentosos. —¿Ambos? —repetí, segura de haberla oído mal. Nash suspiró y se deslizó en la silla que su madre había dejado libre, luego señaló al segador con una mano—. Kaylee, te presento a mi hermano, Tod.
Mi alma para tomar

Rachel Vincent
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