
Sabían vivir en armonía con la naturaleza. No se esforzaban por ser completamente humanos y nada animales. Ese fue el error que cometimos cuando apareció Darwin. Lo recibimos con los brazos abiertos, junto con Huxley y Freud, con una sonrisa de oreja a oreja. Y entonces descubrimos que Darwin y nuestras religiones no eran compatibles. O al menos eso creíamos. Éramos unos necios. Intentamos convencer a Darwin, Huxley y Freud. Pero no se dejaron convencer fácilmente. Así que, como idiotas, intentamos derribar la religión. Y lo conseguimos con creces. Perdimos la fe y nos pusimos a preguntarnos para qué servía la vida. Si el arte no era más que un desahogo frustrado, si la religión no era más que un autoengaño, ¿qué sentido tenía la vida? La fe siempre nos había dado respuesta a todo. Pero todo se fue al traste con Freud y Darwin. Éramos, y seguimos siendo, gente perdida.
Las crónicas marcianas

Ray Bradbury
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