
El momento en que la mortalidad, la fugacidad, la incertidumbre, el sufrimiento o la posibilidad de cambio se presentan puede partir una vida en dos. Hechos e ideas que quizás hayamos escuchado mil veces adquieren una vívida, urgente y palpable realidad. Los conocíamos entonces, pero ahora cobran importancia. Son como invitados que de repente se hacen presentes y nos imponen exigencias; a veces aparecen como guías, a veces simplemente destruyen lo establecido o nos echan por la puerta. Respondemos a ellos, cuando respondemos, con la forma en que vivimos nuestras vidas. A veces, lo que comienza como malas noticias nos muestra el verdadero camino de la vida, un visitante perturbador al que quizás solo agradezcamos más tarde. La mayoría de nosotros no cambiamos hasta que no nos queda más remedio, y la crisis suele ser lo que nos obliga a hacerlo. Las crisis a menudo se resuelven solo a través de una nueva identidad y un nuevo propósito, ya sea el de una nación o el de un solo ser humano.
Lo lejano está cerca

Rebecca Solnit
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