
Todos sabemos que la adolescencia es una época de emociones intensas. El adolescente temperamental, exuberante, apasionado o apático ocupa un lugar especial en el panteón de los clichés, y con razón. Es totalmente cierto. Cuando somos adolescentes, vivimos la vida tal como viene. No tiene sentido reflexionar. Somos tan inexpertos que hay muy poco sobre lo que reflexionar. Si suspendemos un examen importante, seguimos adelante. Ganamos un premio y sonreímos y damos las gracias. Nos enamoramos y es emocionante. Nos rompen el corazón y sufrimos. Y sentimos todos estos altibajos en lo más profundo de nuestro ser; es como si nunca le hubiera pasado a nadie más porque nunca nos había pasado a nosotros. Solo después podemos mirar atrás con la perspectiva que da el tiempo.
Historias que solo les cuento a mis amigos.

Rob Lowe
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