
¿Acaso Jesucristo, preguntó, sospechaba que algún día su iglesia se extendería hasta los rincones más remotos de la Tierra? ¿Acaso Jesucristo, preguntó, tuvo alguna vez lo que hoy llamamos una idea del mundo? ¿Sabía Jesucristo, que aparentemente lo sabía todo, que el mundo era redondo y que al este vivían los chinos (esta frase la escupió, como si le costara un gran esfuerzo pronunciarla) y al oeste los pueblos primitivos de América? Y se respondió a sí mismo que no, aunque, por supuesto, en cierto modo tener una idea del mundo es fácil, todo el mundo la tiene, generalmente una idea restringida a la propia aldea, ligada a la tierra, a las cosas tangibles y mediocres que se presentan ante los ojos, y esta idea del mundo, mezquina, limitada, incrustada con la mugre de lo familiar, tiende a persistir y adquirir autoridad y elocuencia con el paso del tiempo.
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Roberto Bolaño
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