
Sé lo que se siente al regresar a Estados Unidos desde una zona de guerra porque lo he hecho muchas veces. Primero, hay una especie de conmoción ante la comodidad y la prosperidad de las que disfrutamos, pero a eso le sigue la desoladora constatación de que vivimos en una sociedad que, básicamente, está en guerra consigo misma. La gente habla con un desprecio increíble sobre, según su punto de vista: los ricos, los pobres, los instruidos, los extranjeros, el presidente o todo el gobierno estadounidense. Es un nivel de desprecio que normalmente se reserva para los enemigos en tiempos de guerra, solo que ahora se aplica a nuestros conciudadanos. A diferencia de la crítica, el desprecio es particularmente tóxico porque presupone una superioridad moral en quien lo expresa. El desprecio a menudo se dirige a personas que han sido excluidas de un grupo o declaradas indignas de sus beneficios. Los gobiernos suelen utilizar el desprecio para justificar retóricamente la tortura o el abuso. El desprecio es uno de los cuatro comportamientos que, estadísticamente, pueden predecir el divorcio en las parejas casadas. Las personas que se hablan con desprecio entre sí probablemente no permanecerán unidas por mucho tiempo.
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Sebastián Junger
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