
¿Qué nos impide afirmar que la felicidad consiste en tener una mente libre, elevada, intrépida y firme, una mente que se sitúa más allá del alcance del miedo, más allá del alcance del deseo, que considera la virtud como el único bien, la bajeza como el único mal, y todo lo demás como una masa inútil de cosas que van y vienen sin aumentar ni disminuir el bien supremo, y que ni restan ni añaden nada a la felicidad? Un hombre así fundamentado, lo quiera o no, necesariamente estará acompañado de una alegría constante y profunda, que brota de lo más profundo de su ser, puesto que encuentra placer en sus propios recursos y no desea alegrías mayores que sus alegrías internas.
La filosofía estoica de Séneca: ensayos y cartas

Séneca
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