
Un gobierno debe gobernar por la gracia de Dios o por la voluntad del pueblo; debe creer en la autoridad o en la Revolución. En estos asuntos, el compromiso solo es posible en apariencia y solo por un tiempo. La Revolución, al igual que la incredulidad que siempre la ha acompañado, no puede detenerse a medias; es una fuerza que, una vez despertada, no descansará hasta culminar en un reino totalitario en este mundo. La historia de los últimos dos siglos no ha demostrado otra cosa que esto. Apaciguar a la Revolución y ofrecerle concesiones, como siempre han hecho los liberales, demostrando así que carecen de la verdad con la que oponerse a ella, es quizás posponer, pero no impedir, que alcance su fin. Y oponerse a la Revolución radical con una revolución propia, ya sea «conservadora», «no violenta» o «espiritual», no solo revela ignorancia sobre el alcance y la naturaleza de la Revolución de nuestro tiempo, sino que también reconoce el primer principio de esa Revolución: que la vieja verdad ya no es cierta y que una nueva verdad debe ocupar su lugar.
El nihilismo: la raíz de la revolución de la era moderna.

Seraphim Rose
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras