
Las mujeres incorporan los valores de los hombres que las cosifican sexualmente. Catharine MacKinnon denomina a esto «cosificación» mental (MacKinnon, 1989). Aprenden a tratar sus propios cuerpos como objetos separados de sí mismas. Bartky explica cómo funciona esto: el silbido las cosifica sexualmente desde fuera, con el resultado de que «el cuerpo que un momento antes habitaba con tanta facilidad ahora inunda mi conciencia. Me han convertido en un objeto» (Bartky, 1990, p. 27). Explica que no basta con que un hombre mire a la mujer en secreto; debe hacerle consciente de su mirada con el silbido. Debe «hacerle saber que soy un ‘buen pedazo de culo’: debo hacerme ver como ellos me ven» (p. 27). El efecto de este comportamiento de control masculino es que, «sometidas a la mirada evaluadora del experto masculino, las mujeres aprenden a evaluarse a sí mismas primero y mejor» (Bartky, 1990, p. 28). De este modo, las mujeres se alienan de sus propios cuerpos.
Belleza y misoginia: prácticas culturales perjudiciales en Occidente

Sheila Jeffreys
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