
HÉCUBA: Tenía un cuchillo en mi falda, Aquiles. Cuando Taltibio se inclinó sobre mí, pude haberlo matado. Quería hacerlo. Tenía el cuchillo precisamente para eso. Sin embargo, en el último momento pensé: es hijo de alguna madre, igual que Héctor, ¿y acaso no somos todas las mujeres hermanas? Si lo mataba, pensé, ¿no sería como matar a un familiar? ¿No haría sufrir a otra madre? Así que no lo maté, pero si lo hubiera hecho, podría haber salvado al hijo de Héctor. Muertas o condenadas, esa es la elección que hacemos. O ustedes, los hombres, nos matan y son honrados por ello, o nosotras, las mujeres, los matamos y somos condenadas por ello. Muertas o condenadas. Las mujeres no tienen que tomar decisiones así en el Hades. Allí no hay amor, nada que traicionar.
La puerta al país de las mujeres

Sheri S. Tepper
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