
Yo también estuve de pie sobre la imagen sagrada. Por un instante, este pie estuvo sobre su rostro. Estaba sobre el rostro del hombre que siempre ha estado en mis pensamientos, sobre el rostro que estaba ante mí en las montañas, en mis andanzas, en la prisión, sobre el mejor y más hermoso rostro que jamás un hombre pueda conocer, sobre el rostro de aquel a quien siempre he anhelado amar. Incluso ahora, ese rostro me mira con ojos de compasión desde la placa aplanada por tantos pies. «¡Pisotón!», dijeron esos ojos compasivos. «¡Pisotón! Tu pie sufre de dolor; debe sufrir como todos los pies que han pisado esta placa. Pero ese dolor por sí solo es suficiente. Comprendo tu dolor y tu sufrimiento. Es por eso que estoy aquí.» «Señor, me ofendió tu silencio.» «No guardé silencio. Sufrí a tu lado.»
Silencio

Shusaku Endo
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