
Mi esposa y yo ya no sentimos lo mismo el uno por el otro. Supongo que ya no la amo y ella no me ama. ¿Qué puedo hacer? —pregunté—. ¿Ya no sientes nada? —así es —reafirmó—. Y tenemos tres hijos que nos preocupan mucho. ¿Qué sugieres? —Ámala —respondí—. Ya te lo dije, ya no siento nada. —Ámala. —No lo entiendes. El sentimiento de amor ya no está ahí. —Entonces ámala. Si no sientes nada, esa es una buena razón para amarla. —¿Pero cómo se ama cuando no se ama? —Amigo mío, el amor es un verbo. El amor —el sentimiento— es fruto del amor, el verbo. Así que ámala. Sírvela. Sacrifícate. Escúchala. Empatiza. Agradécela. Afírmala. ¿Estás dispuesto a hacerlo?
Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva: poderosas lecciones para el cambio personal.

Stephen R. Covey
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