
Mucha gente cree que la teoría del gen egoísta afirma que «los animales intentan propagar sus genes». Esto tergiversa los hechos y la teoría. Los animales, al igual que la mayoría de las personas, desconocen la genética y les importa aún menos. Las personas aman a sus hijos no porque deseen propagar sus genes (consciente o inconscientemente), sino porque no pueden evitarlo. Ese amor los impulsa a protegerlos, mantenerlos abrigados y seguros. Lo egoísta no reside en las motivaciones reales de la persona, sino en las motivaciones metafóricas de los genes que la conforman. Los genes «intentan» propagarse mediante la configuración del cerebro de los animales, de modo que estos aman a sus congéneres y se esfuerzan por protegerlos.
Cómo funciona la mente

Steven Pinker
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