
Contar y escuchar una historia no es un acto sencillo. Quien la narra debe adentrarse en las capas más profundas de su ser, reviviendo viejos sentimientos y revisando el pasado. Lo que se recupera se reelabora en una nueva forma, una que narra los acontecimientos y ofrece al oyente un camino a través de ellos que conduce a algún fragmento de sabiduría. Quien escucha asimila la historia, incluso a un lugar invisible o inconsciente para la mente, pero presente. En este espacio interior, una historia de otra vida sufre una sutil transformación. Al entrar en la memoria del oyente, se enriquece con la reflexión, con otros recuerdos e incluso con la respuesta del cuerpo al escucharla en el momento de la narración. Mediante estas transmisiones, se teje la conciencia.
Un coro de piedras: La vida privada de la guerra

Susan Griffin
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