
Una verdadera historia de guerra jamás es moral. No instruye, ni fomenta la virtud, ni sugiere modelos de comportamiento humano adecuado, ni impide que los hombres hagan lo que siempre han hecho. Si una historia parece moral, no la creas. Si al final de una historia de guerra te sientes reconfortado, o si sientes que se ha rescatado un pequeño atisbo de rectitud de entre tanta desolación, entonces has sido víctima de una mentira muy antigua y terrible. No hay rectitud alguna. No hay virtud alguna. Por lo tanto, como primera regla general, puedes reconocer una verdadera historia de guerra por su absoluta e inquebrantable lealtad a la obscenidad y la maldad.
Las cosas que llevaban consigo

Tim O’Brien
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