
Tengo sal y azúcar en casa, pero voy a pagar ochenta dólares para que me las froten en los pies. Si quiero gritarle a mi cuñada porque acabo de enterarme de que estoy embarazada, y que mi novio, el alcohólico en recuperación, sigue siendo frágil y no sé si lo logrará, si voy a tener un aborto espontáneo como el anterior, y un montón de otras tonterías, como, diablos, no sé qué voy a ser de mayor, ¡pues lo haré! Y tal vez, solo tal vez, por los ochenta dólares que me estás cobrando, puedo gritar un poco.» La mujer solo parpadeó mientras Lacey se reía disimuladamente a su lado. «Baja la voz y felicidades.» «Gracias, y lo intentaré», dijo Kacey mientras la mujer se alejaba. Luego se giró hacia Lacey, que en ese momento se reía a carcajadas. «En serio > Esto no es gracioso.» «Oh, me parto de risa porque si ya eres tan emocional y malhumorada, que Dios nos ayude a todas cuando llegues al tercer trimestre.»
Con el tiempo

Toni Aleo
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