
Todos vemos con claridad en los demás tendencias que nosotros mismos hemos superado. Cuanto más mayores y sabios nos volvemos, más podemos ver la arrogancia de la juventud. Cuanto más auténticos nos volvemos, más podemos ver las mentiras de la inseguridad. Cuanto más vulnerables nos permitimos ser, más vemos los peligrosos síntomas de las emociones no expresadas. No hay una meta final en el aprendizaje. No hay un punto en el que hayamos terminado de crecer, y lo único que haremos será mirar por encima del hombro a quienes están detrás de nosotros. Nadie está nunca en la cima. Todos crecemos a nuestro propio ritmo, y no importa cuán terribles o cuán iluminados nos creamos hoy, el futuro seguramente nos dará una perspectiva diferente. Realmente no tiene sentido compararse con los demás. Siempre habrá alguien delante y alguien detrás, y habrá docenas (si no cientos) de diferentes escalas y grados en los que estar detrás y delante. Ser el número uno nunca es definitivo. Es y siempre será un instante fugaz. ¿Pero ser una versión en crecimiento de ti mismo? Eso sí que puedes serlo. Puedes ser así todos los días.

Vironika Tugaleva
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