
Schyogolev se lanzó a una discusión política. Como muchos charlatanes no remunerados, creía que podía combinar los informes que leía en los periódicos, escritos por charlatanes a sueldo, en un esquema ordenado, siguiendo el cual una mente lógica y sensata (en este caso, la suya) podría explicar y prever sin esfuerzo multitud de acontecimientos mundiales. Los nombres de los países y de sus principales representantes se convirtieron en sus manos en algo parecido a etiquetas para recipientes más o menos llenos, pero esencialmente idénticos, cuyo contenido vertía de un lado a otro. Francia temía algo y, por lo tanto, jamás lo permitiría. Inglaterra aspiraba a algo. Este estadista anhelaba un acercamiento, mientras que aquel quería aumentar su prestigio. Alguien conspiraba y alguien luchaba por algo. En resumen, el mundo que Schyogolev creó resultó ser una especie de colección de matones limitados, sin humor, sin rostro y abstractos, y cuanto más cerebro, astucia y circunspección encontraba en sus actividades mutuas, más estúpido, vulgar y simple se volvía su mundo.
El regalo

Vladimir Nabokov
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras