
Imagínate a la chica más hermosa que puedas imaginar. Era tan bella que, dada mi escasa habilidad para contar historias, sería inútil intentar siquiera describir su belleza con palabras. Eso superaría con creces mis capacidades, así que me abstendré de mencionar si era rubia, morena o pelirroja, o si su cabello era largo o corto, rizado o suave como la seda. También evitaré las comparaciones habituales en cuanto a su tez, como leche, terciopelo, satén, melocotón y crema, miel o marfil. En cambio, dejaré que tu imaginación complete este espacio en blanco con tu propio ideal de belleza femenina.
El aprendiz del maestro alquimista: Un cuento culinario de Zamonia, de Optimus Yarnspinner.

Walter Moers
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