
Construye tu casa sobre granito. Y con granito me refiero a tu naturaleza, que estás torturando hasta la muerte; al amor en el cuerpo de tu hijo; al sueño de amor de tu esposa; al sueño de vida que tenías a los dieciséis años. Cambia tus ilusiones por un poco de verdad. ¡Deshazte de tus políticos y diplomáticos! Toma las riendas de tu destino y construye tu vida sobre roca. ¡Olvídate de tu prójimo y mira en tu interior! Tu prójimo también te lo agradecerá. Diles a tus compañeros de trabajo en todo el mundo que ya no estás dispuesto a trabajar por la muerte, sino solo por la vida. En lugar de acudir en masa a las ejecuciones y gritar «¡Hurra, hurra!», promulga una ley para la protección de la vida humana y sus bendiciones. Dicha ley será parte de los cimientos de granito sobre los que descansa tu casa. Protege el amor de tus hijos pequeños de los ataques de hombres y mujeres lascivos y frustrados. Silencia a la vieja solterona malvada; expónla públicamente o envíala a un reformatorio en lugar de a jóvenes que anhelan amor. No intentes superar a tu explotador en explotación si tienes la oportunidad de convertirte en jefe. Tira tus colas de golondrina y tu sombrero de copa, y deja de pedir permiso para abrazar a tu mujer. Une fuerzas con los de tu clase en todos los países; son como tú, para bien o para mal. Deja que tu hijo crezca como la naturaleza (o «Dios») lo dispuso. No intentes mejorar la naturaleza. Aprende a comprenderla y a protegerla. Ve a la biblioteca en vez de a una pelea de boxeo, ve a países extranjeros en vez de a Coney Island. Y, ante todo, piensa con claridad, confía en esa voz interior que te dice qué hacer. Tienes tu vida en tus manos, no se la confíes a nadie más, y menos aún a tus líderes elegidos. ¡SÉ TÚ MISMO! Muchos grandes hombres te lo han dicho.
¡escucha, hombrecito!

Wilhelm Reich
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