
Nada en este mundo permanece oculto para siempre. El oro que ha permanecido durante siglos insospechado bajo tierra, un día emerge a la superficie. La arena se vuelve traidora y delata la huella que la ha pisado; el agua devuelve a la superficie el cuerpo que se ha ahogado. El fuego mismo deja la confesión, en cenizas, de la sustancia que consumió. El odio rompe su secreto en los pensamientos, a través de la mirada; y el amor encuentra al Judas que lo traiciona con un beso. Miremos donde miremos, la inevitable ley de la revelación es una de las leyes de la naturaleza: la perdurable conservación de un secreto es un milagro que el mundo jamás ha presenciado.
Sin Nombre

Wilkie Collins
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