
La mera comprensibilidad del mundo apunta a una inteligencia subyacente. De hecho, la ciencia sería imposible si nuestra inteligencia no estuviera adaptada a la inteligibilidad del mundo. La correspondencia entre nuestra inteligencia y la inteligibilidad del mundo no es casual. Tampoco puede atribuirse propiamente a la selección natural, que prioriza la supervivencia y la reproducción y no tiene interés en la verdad ni en el pensamiento consciente. De hecho, los robots, convertidos en marionetas de carne, son perfectamente aceptables como resultado de un proceso evolutivo darwiniano.
La revolución del diseño: Respondiendo a las preguntas más difíciles sobre el diseño inteligente.

William A. Dembski
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