
Después de todo, cuando «el Señor vio que la maldad del hombre se había acentuado», decidió «borrar de la faz de la tierra al ser humano que he creado, y con él a los animales, las aves y los reptiles que se arrastran por el suelo, pues me arrepiento de haberlos creado» (Génesis 6:7). La Biblia considera perfectamente justificable destruir a todos los animales como castigo por los crímenes del Homo sapiens, como si la existencia de jirafas, pelícanos y mariquitas perdiera todo sentido si los humanos se portan mal. La Biblia no podría imaginar un escenario en el que Dios se arrepintiera de haber creado al Homo sapiens, borrara de la faz de la tierra a este simio pecador y luego pasara la eternidad disfrutando de las travesuras de avestruces, canguros y pandas.
Homo Deus: Una breve historia del mañana

Yuval Noah Harari
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