
En China, el Partido Comunista sigue profesando de palabra los ideales marxistas-leninistas tradicionales, pero en la práctica se guía por las famosas máximas de Deng Xiaoping: «el desarrollo es la única verdad innegable» y «no importa si un gato es blanco o negro, con tal de que cace ratones». Lo que significa, en pocas palabras: hacer lo que sea necesario para promover el crecimiento económico, incluso si Marx y Lenin no lo hubieran aprobado. En Singapur, como corresponde a esa pragmática ciudad-estado, llevaron esta línea de pensamiento aún más lejos y vincularon los salarios de los ministros al PIB nacional. Cuando la economía singapurense crece, los ministros reciben un aumento, como si ese fuera el único propósito de su trabajo.
Homo Deus: Una breve historia del mañana

Yuval Noah Harari
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