Categoría: Martin Heidegger

Martin Heidegger

La existencia humana solo puede relacionarse con los seres si se proyecta hacia la nada. Ir más allá de los seres ocurre en la esencia del Dasein. Pero este ir más allá es la metafísica misma. Esto implica que la metafísica pertenece a la «naturaleza del hombre». No es ni una división de la filosofía académica ni un campo de nociones arbitrarias. La metafísica es la manifestación básica del Dasein. Es el Dasein mismo. Dado que la verdad de la metafísica reside en este terreno sin fundamento, se encuentra en la proximidad más cercana a la posibilidad siempre latente del error más profundo. Por esta razón, ningún rigor científico alcanza la seriedad de la metafísica. La filosofía jamás puede medirse con el criterio de la idea de ciencia. Si la cuestión de la nada aquí planteada nos ha interpelado realmente, entonces no nos hemos limitado a presentar la metafísica de manera extrínseca. Ni hemos sido simplemente «transpuestos» a ella. No podemos ser transpuestos allí en absoluto, porque en la medida en que existimos, siempre estamos allí. «Porque por naturaleza, amigo mío, la mente del hombre mora en la filosofía» (Platón, Fedro, 279a). Mientras el hombre exista, filosofa de alguna forma. La filosofía —lo que llamamos filosofía— es la metafísica en ciernes, en la que la filosofía se encuentra a sí misma y a sus tareas explícitas. La filosofía se pone en marcha solo mediante una peculiar inserción de nuestra propia existencia en las posibilidades fundamentales del Dasein en su conjunto. Para esta inserción es de vital importancia, primero, que dejemos espacio para los seres en su totalidad; segundo, que nos entreguemos a la nada, es decir, que nos liberemos de esos ídolos que todos tenemos y a los que solemos recurrir con sumisión; y finalmente, que dejemos que el alcance de nuestra incertidumbre siga su curso completo, de modo que vuelva a la cuestión fundamental de la metafísica que la nada misma impone: «¿Por qué existen los seres, y por qué no la nada?» —de ¿Qué es la metafísica?—
– Martín Heidegger –

Martin Heidegger

Nuestra conducción de la investigación ontológica en la primera y segunda parte nos abre, al mismo tiempo, una perspectiva sobre el modo en que se desarrollan estas investigaciones fenomenológicas. Esto plantea la cuestión del carácter del método en ontología. Así llegamos a la tercera parte del curso: el método científico de la ontología y la idea de fenomenología. El método de la ontología, es decir, de la filosofía en general, se distingue por el hecho de que la ontología no tiene nada en común con ningún método de ninguna de las otras ciencias, las cuales, como ciencias positivas, se ocupan de los entes. Por otro lado, es precisamente el análisis del carácter de verdad del Ser lo que muestra que el Ser también se basa, por así decirlo, en un ente, a saber, en el Dasein. El Ser se da solo si existe el entendimiento del Ser, y por ende, el Dasein. Este ser, por consiguiente, reclama una prioridad distintiva en la investigación ontológica. Se manifiesta en todas las discusiones sobre los problemas básicos de la ontología y, sobre todo, en la cuestión fundamental del significado del Ser en general. La elaboración de esta cuestión y su respuesta requieren un análisis general del Dasein. La ontología tiene como disciplina fundamental el análisis del Dasein. Esto implica, al mismo tiempo, que la ontología no puede establecerse de manera puramente ontológica. Su posibilidad remite a un ser, es decir, a algo óntico: el Dasein. La ontología posee un fundamento óntico, un hecho que se manifiesta repetidamente en la historia de la filosofía hasta nuestros días. Por ejemplo, ya en la afirmación de Aristóteles de que la primera ciencia, la ciencia del Ser, es la teología, se expresa. Como obra de la libertad del Dasein humano, las posibilidades y los destinos de la filosofía están ligados a la existencia del hombre, y por lo tanto a la temporalidad y a la historicidad, y de hecho en un sentido más original que cualquier otra ciencia. En consecuencia, al esclarecer el carácter científico de la ontología, *la primera tarea es la demostración de su fundamento óntico* y la caracterización de este fundamento mismo. —de *Los problemas fundamentales de la fenomenología*
– Martin Heidegger –

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Así, en la cuestión del Ser de la verdad y la necesidad de presuponerla, al igual que en la cuestión de la esencia del conocimiento, se ha postulado generalmente un «sujeto ideal». El motivo de esto, ya sea explícito o tácito, reside en la exigencia de que la filosofía tenga como tema lo «a priori», en lugar de los «hechos empíricos» propiamente dichos. Existe cierta justificación para esta exigencia, aunque aún necesita fundamentarse ontológicamente. Sin embargo, ¿se satisface esta exigencia postulando un «sujeto ideal»? ¿Acaso no es tal sujeto una idealización fantasiosa? Con tal concepción, ¿no hemos pasado por alto precisamente el carácter a priori de ese sujeto meramente «fáctico», el Dasein? ¿No es un atributo del carácter *a priori* del sujeto fáctico (es decir, un atributo de la facticidad del Dasein) que sea equiprimordial en la verdad y en la falsedad? Las ideas de un «yo» puro y de una «conciencia en general» están tan lejos de incluir el carácter *a priori* de la subjetividad «actual» que los caracteres ontológicos de la facticidad del Dasein y su estado de ser se pasan por alto o no se ven en absoluto. El rechazo de una «conciencia en general» no implica la negación de lo a priori, del mismo modo que la postulación de un sujeto idealizado no garantiza que el Dasein posea un carácter a priori fundamentado en hechos. Tanto la afirmación de que existen «verdades eternas» como la mezcla de la «idealidad» del Dasein, fundamentada fenomenológicamente, con un sujeto absoluto idealizado, pertenecen a aquellos vestigios de la teología cristiana dentro de la problemática filosófica que aún no han sido radicalmente erradicados. El Ser de la verdad está conectado primordialmente con el Dasein. Y solo porque el Dasein se constituye mediante la revelación (es decir, mediante el entendimiento), puede comprenderse algo semejante al Ser; solo así es posible comprender el Ser. —de «Ser y Tiempo». Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, p. 272
– Martin Heidegger –