Etiqueta: priori

Max Scheler

Ciertamente, lo que Kant denomina referencia trascendental, experiencia y objeto de la experiencia están presentes, en cierto sentido, en ambas visiones opuestas sobre la naturaleza de lo subjetivo a priori. En ambos casos, el objeto debe «ordenarse» según las reglas de la mente cognoscente o sus funciones, independientemente de si la función específica del conocimiento se basa en una construcción sistemática, síntesis o formación del objeto a partir de material sensorial «dado», o en un proceso de selección metódica (supresión, abstracción, desprecio) impuesto a un objeto que se autoconstituye. Porque si el orden de selección en el que la plenitud del mundo, tal como es en su ipseidad, llega al hombre (o a un tipo particular de hombre, por ejemplo, un tipo de unidad racial o cultural) está regido de tal manera que un objeto de esencia *B* solo se da cuando un objeto de esencia *A* ya se ha dado (es decir, si *A* tiene prioridad de dato sobre *B* en orden temporal, no necesariamente en sucesión directa), entonces si un objeto *X* es simultáneamente de esencia *A* y *B*, todo lo que es verdadero de *A* debe ser necesariamente verdadero de *X*, no al revés. Por ejemplo, si la espacialidad y la extensión tienen una estricta prioridad perceptual sobre todas las propiedades esenciales de la materia y la corporeidad, la geometría debe ser estrictamente válida para todos los cuerpos posibles. Pero el mismo principio, la aplicabilidad de la geometría a todos los cuerpos sin excepción, seguiría siendo válido si la doctrina de Kant fuera cierta, aunque niegue la realidad misma de la extensión y el espacio, y explique la forma espacial como un mero aspecto subjetivo del dato. Así, en ambos casos persistiría la validez trascendental del llamado *a priori*, incluso para los objetos de la experiencia, de modo que en sí misma no nos ofrece *ningún* criterio de elección entre una u otra *hipótesis*: la que supone una adición sintética de la forma por parte de la mente espontánea, o la otra, que postula una selección ordenada en conformidad con esencias preconocidas. —de *Sobre lo eterno en el hombre*. *La naturaleza de la filosofía*, con una nueva introducción de Graham McAleer.
– Max Scheler –

Martin Heidegger

Así, en la cuestión del Ser de la verdad y la necesidad de presuponerla, al igual que en la cuestión de la esencia del conocimiento, se ha postulado generalmente un «sujeto ideal». El motivo de esto, ya sea explícito o tácito, reside en la exigencia de que la filosofía tenga como tema lo «a priori», en lugar de los «hechos empíricos» propiamente dichos. Existe cierta justificación para esta exigencia, aunque aún necesita fundamentarse ontológicamente. Sin embargo, ¿se satisface esta exigencia postulando un «sujeto ideal»? ¿Acaso no es tal sujeto una idealización fantasiosa? Con tal concepción, ¿no hemos pasado por alto precisamente el carácter a priori de ese sujeto meramente «fáctico», el Dasein? ¿No es un atributo del carácter *a priori* del sujeto fáctico (es decir, un atributo de la facticidad del Dasein) que sea equiprimordial en la verdad y en la falsedad? Las ideas de un «yo» puro y de una «conciencia en general» están tan lejos de incluir el carácter *a priori* de la subjetividad «actual» que los caracteres ontológicos de la facticidad del Dasein y su estado de ser se pasan por alto o no se ven en absoluto. El rechazo de una «conciencia en general» no implica la negación de lo a priori, del mismo modo que la postulación de un sujeto idealizado no garantiza que el Dasein posea un carácter a priori fundamentado en hechos. Tanto la afirmación de que existen «verdades eternas» como la mezcla de la «idealidad» del Dasein, fundamentada fenomenológicamente, con un sujeto absoluto idealizado, pertenecen a aquellos vestigios de la teología cristiana dentro de la problemática filosófica que aún no han sido radicalmente erradicados. El Ser de la verdad está conectado primordialmente con el Dasein. Y solo porque el Dasein se constituye mediante la revelación (es decir, mediante el entendimiento), puede comprenderse algo semejante al Ser; solo así es posible comprender el Ser. —de «Ser y Tiempo». Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, p. 272
– Martin Heidegger –

Max Scheler

Ciertamente, lo que Kant denomina referencia trascendental, experiencia y objeto de la experiencia están presentes, en cierto sentido, en ambas visiones opuestas sobre la naturaleza de lo subjetivo a priori. En ambos casos, el objeto debe «ordenarse» según las reglas de la mente cognoscente o sus funciones, independientemente de si la función específica del conocimiento se basa en una construcción sistemática, síntesis o formación del objeto a partir de material sensorial «dado», o en un proceso de selección metódica (supresión, abstracción, desprecio) impuesto a un objeto que se autoconstituye. Porque si el orden de selección en el que la plenitud del mundo, tal como es en su ipseidad, llega al hombre (o a un tipo particular de hombre, por ejemplo, un tipo de unidad racial o cultural) está regido de tal manera que un objeto de esencia *B* solo se da cuando un objeto de esencia *A* ya se ha dado (es decir, si *A* tiene prioridad de dato sobre *B* en orden temporal, no necesariamente en sucesión directa), entonces si un objeto *X* es simultáneamente de esencia *A* y *B*, todo lo que es verdadero de *A* debe ser necesariamente verdadero de *X*, no al revés. Por ejemplo, si la espacialidad y la extensión tienen una estricta prioridad perceptual sobre todas las propiedades esenciales de la materia y la corporeidad, la geometría debe ser estrictamente válida para todos los cuerpos posibles. Pero el mismo principio, la aplicabilidad de la geometría a todos los cuerpos sin excepción, seguiría siendo válido si la doctrina de Kant fuera cierta, aunque niegue la realidad misma de la extensión y el espacio, y explique la forma espacial como un mero aspecto subjetivo del dato. Así, en ambos casos persistiría la validez trascendental del llamado *a priori*, incluso para los objetos de la experiencia, de modo que en sí misma no nos ofrece *ningún* criterio de elección entre una u otra *hipótesis*: la que supone una adición sintética de la forma por parte de la mente espontánea, o la otra, que postula una selección ordenada en conformidad con esencias preconocidas. —de *Sobre lo eterno en el hombre*. *La naturaleza de la filosofía*, con una nueva introducción de Graham McAleer.
– Max Scheler –

Martin Heidegger

Así, en la cuestión del Ser de la verdad y la necesidad de presuponerla, al igual que en la cuestión de la esencia del conocimiento, se ha postulado generalmente un «sujeto ideal». El motivo de esto, ya sea explícito o tácito, reside en la exigencia de que la filosofía tenga como tema lo «a priori», en lugar de los «hechos empíricos» propiamente dichos. Existe cierta justificación para esta exigencia, aunque aún necesita fundamentarse ontológicamente. Sin embargo, ¿se satisface esta exigencia postulando un «sujeto ideal»? ¿Acaso no es tal sujeto una idealización fantasiosa? Con tal concepción, ¿no hemos pasado por alto precisamente el carácter a priori de ese sujeto meramente «fáctico», el Dasein? ¿No es un atributo del carácter *a priori* del sujeto fáctico (es decir, un atributo de la facticidad del Dasein) que sea equiprimordial en la verdad y en la falsedad? Las ideas de un «yo» puro y de una «conciencia en general» están tan lejos de incluir el carácter *a priori* de la subjetividad «actual» que los caracteres ontológicos de la facticidad del Dasein y su estado de ser se pasan por alto o no se ven en absoluto. El rechazo de una «conciencia en general» no implica la negación de lo a priori, del mismo modo que la postulación de un sujeto idealizado no garantiza que el Dasein posea un carácter a priori fundamentado en hechos. Tanto la afirmación de que existen «verdades eternas» como la mezcla de la «idealidad» del Dasein, fundamentada fenomenológicamente, con un sujeto absoluto idealizado, pertenecen a aquellos vestigios de la teología cristiana dentro de la problemática filosófica que aún no han sido radicalmente erradicados. El Ser de la verdad está conectado primordialmente con el Dasein. Y solo porque el Dasein se constituye mediante la revelación (es decir, mediante el entendimiento), puede comprenderse algo semejante al Ser; solo así es posible comprender el Ser. —de «Ser y Tiempo». Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, p. 272
– Martin Heidegger –