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Kamand Kojouri

Esta es una oda a la vida. El himno del mundo. Porque así como hay miles de millones de estrellas diferentes que componen los cielos, también hay miles de millones de humanos diferentes que componen la Tierra. Algunos brillan más, pero todos están hechos del mismo polvo cósmico. ¡Oh, la alegría de estar en la vida con toda esta gente! Hablo de diferencias porque están ahí. Como los diferentes órganos que componen nuestros cuerpos. La Tierra, en sí misma, es un gran cuerpo. Escucha cómo aúlla cuando un humano está en la miseria. Cuando uno mata a otro, la Tierra siente la punzada en su pecho. Cuando uno tiene un orgasmo, la Tierra anhela un cigarrillo. Mira con atención, estos animales son manchas de belleza que hacen que el rostro de la Tierra sea más hermoso y más adorable. Estos océanos son los ojos límpidos de la Tierra. Estos árboles, su cabello. Esta es una oda a la vida. El himno del mundo. Ya no hablaré de diferencias, porque las similitudes son mayores. Mira aún más de cerca. Puede que haya distancia entre nuestros miembros, pero no hay espacio entre nuestros corazones. Anhelamos ser uno. Anhelamos estar en la naturaleza y correr libremente con su fauna. Celebremos la vida y el vivir, pues es sacrílego ser ingrato. Juguemos y seamos juguetones, pues es sacrílego ser serios. Celebremos las imperfecciones y hagamos que la existencia se sienta orgullosa de nosotros, pues mañana es la muerte, y esta es una oda a la vida. El himno del mundo.
– Kamand Kojouri –

Kamand Kojouri

Que mi silencio crezca con el ruido como las madres embarazadas crecen con la vida. Que mi silencio impregne estas paredes como la luz del sol impregna un hogar. Que el silencio surja de tumbas sin agua y cráteres dejados por bombas. Que el silencio surja de vientres vacíos y brote de corazones rotos. El silencio de los ocultos y olvidados. El silencio de los maltratados y torturados. El silencio de los perseguidos y encarcelados. El silencio de los ahorcados y masacrados. Tan fuerte como todos los sonidos pueden ser, que mi silencio sea fuerte para que los hambrientos puedan comer mis palabras y los pobres puedan llevar mis palabras. Tan fuerte como todos los sonidos pueden ser, que mi silencio sea fuerte para que pueda resucitar a los muertos y dar voz a los oprimidos. Mi silencio habla.
– Kamand Kojouri –