
Él, la Vida de todos, nuestro Señor y Salvador, no dispuso la forma de su propia muerte para no parecer temer a otra cosa. No. Aceptó y soportó en la cruz una muerte infligida por otros, sus enemigos más acérrimos, una muerte que para ellos era terriblemente terrible e insoportable; y lo hizo para que, al destruir incluso esta muerte, se creyera que Él mismo era la Vida, y el poder de la muerte fuera reconocido como definitivamente anulado. Así se ha producido una maravillosa y poderosa paradoja, pues la muerte que ellos pensaron infligirle como deshonra y desgracia se ha convertido en el glorioso monumento a la derrota de la muerte.
Sobre la Encarnación

Atanasio de Alejandría
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras