
De vez en cuando, vislumbramos el borde sur, a cuatro o cinco mil pies de altura. Desde los bordes, el cañón parece oceánico; en la superficie del río, la sensación es íntima. Para alguien allá arriba con binoculares, aquí abajo parecemos completamente remotos. Es esta dimensión desconocida de distancia y tiempo, y la desconcertante pregunta que plantea el propio cañón: ¿Qué es trascendental? (en la vida de uno, en la vida de los seres humanos, en la vida de un planeta), lo que resuena constantemente y hace que la inclinación humana a juzgar (a otra persona, a otro tipo de pensamiento) parezca tan inquietante… Aquí transcurren dos tipos de tiempo: sentado al borde de una poza calentada por el sol, observando libélulas azules y renacuajos negros. Y los rápidos: descendiendo por la lengua lisa como un espejo hacia una zanja que se abre, escalando una pared de agua estancada de tres metros y cayendo en unas corrientes hirvientes y feroces…
Cruzando terreno abierto

Barry López
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