
Cuando nuestras instituciones carecen del dinamismo necesario para avanzar, el Espíritu, creo, simplemente las rodea, como una corriente que fluye alrededor de una roca en un arroyo… Sin ese trabajo interior que nos enseña a abrir nuestro ser más profundo a Dios y a fundamentar nuestras almas en el amor, ningún movimiento tendrá éxito ni ninguna institución se mantendrá en pie… Es la unión de la acción y la contemplación, del gran trabajo y la profunda espiritualidad, lo que mantiene fluyendo la bondad, la rectitud, la belleza y la vitalidad… Como ha dicho el Papa Francisco, este momento exige poetas sociales: personas sinceras y creativas que se eleven en las alas de la fe para captar el viento del Espíritu, el viento de la justicia, la alegría y la paz. (p. 180)
La Gran Migración Espiritual: Cómo la religión más grande del mundo busca una mejor manera de ser cristiano.

Brian D. McLaren
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