
Dos sustancias químicas llamadas actina y miosina evolucionaron hace eones para permitir que los músculos de las alas de los insectos se contrajeran y relajaran. Así, los insectos aprendieron a volar. Cuando falta una de estas moléculas, las alas crecen, pero no pueden batirlas y, por lo tanto, son inútiles. Hoy en día, las mismas dos proteínas son responsables del latido del corazón humano, y cuando falta una, el latido es ineficiente y débil, lo que finalmente conduce a una insuficiencia cardíaca. Una vez más, la ciencia se maravilla de cómo las moléculas se adaptan a lo largo de millones de años, pero ¿no hay una intención más profunda? En nuestros corazones, sentimos el impulso de volar, de liberarnos de los límites. ¿No es ese el mismo impulso que expresó la naturaleza cuando los insectos comenzaron a volar? La prolactina que genera la leche en el pecho de una madre es la misma que la prolactina que impulsa al salmón río arriba para reproducirse, permitiéndole cruzar del agua salada al agua dulce.
El Libro de los Secretos: Desbloqueando las Dimensiones Ocultas de Tu Vida

Deepak Chopra
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