
Me considero el más miserable de todos los hombres, apestoso y cubierto de llagas, y como alguien que ha cometido toda clase de crímenes contra su Rey. Abrumado por el remordimiento, le confieso toda mi maldad, le pido perdón y me abandono por completo a Él para que haga conmigo lo que quiera. Pero este Rey, lleno de bondad y misericordia, lejos de castigarme, me abraza con amor, me hace comer en su mesa, me sirve con sus propias manos, me da las llaves de sus tesoros y me trata como a su favorito. Habla conmigo y se deleita conmigo de mil y una maneras; me perdona y me libra de mis principales malos hábitos sin mencionarlos; le ruego que me haga conforme a su corazón y, cuanto más débil y despreciable me veo, más amado soy por Dios.
La práctica de la presencia de Dios

Hermano Lorenzo
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras