
Un amigo agricultor me contó hace poco que un grupo de chicos de secundaria que vinieron a su granja de visita guiada fueron en autobús. Los dos primeros chicos que bajaron preguntaron: «¿Dónde está el árbol de la salsa?». Pensaban que podían ir a recogerla, como si fueran manzanas y melocotones. ¡Madre mía! ¿Qué ponen en las pruebas de admisión a la universidad para medir esto? ¿Acaso a alguien le importa? ¿Cuánto conocimiento puede tener una persona sobre la comida y aun así tomar decisiones informadas al respecto? ¿Cambiará este conocimiento antes de que lleguen a las urnas? Eso sí que da miedo.
Amigos, esto no es normal: consejos de un granjero para gallinas más felices, personas más sanas y un mundo mejor.

Joel Salatin
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