
Poco a poco, Dios me abre los ojos a las necesidades que me rodean. En las Escrituras, Dios retoma este tema del cuidado de los pobres, un eco que se repite desde Génesis hasta Apocalipsis. La Biblia reconoce que los pobres siempre serán parte de la sociedad, pero Dios se compromete con su causa. La ley mosaica del Antiguo Testamento está llena de regulaciones para prevenir y erradicar la pobreza. A los pobres se les concedió el derecho a espigar —a tomar los frutos de los bordes sin cosechar de los campos—, una parte de los diezmos y un salario diario. La ley prevenía la esclavitud permanente al liberar a los esclavos judíos durante el año sabático y el año del Jubileo, y prohibía el cobro de intereses sobre los préstamos. En uno de sus actos más tiernos, Dios se aseguró de que los pobres —los extranjeros, las viudas y los huérfanos— fueran invitados a los banquetes.
El eco sagrado: Escuchar la voz de Dios en cada área de tu vida

Margaret Feinberg
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