Martin Heidegger

Pero ¿cómo es posible que, si bien el «yo pienso» le da a Kant un auténtico punto de partida fenomenal, no pueda explotarlo ontológicamente y tenga que recurrir al «sujeto», es decir, a algo *sustancial*? El «yo» no es solo un «yo pienso», sino un «yo pienso algo». ¿Y acaso Kant no insiste en que el «yo» permanece relacionado con sus representaciones y no sería nada sin ellas? Para Kant, sin embargo, estas representaciones son lo «empírico», que está «acompañado» por el «yo»: las apariencias a las que el «yo» se «aferra». Kant no muestra en ningún momento el tipo de Ser de este «aferramiento» y «acompañamiento». En el fondo, sin embargo, su tipo de Ser se entiende como el Ser constante y presente del «yo» junto con sus representaciones. Kant, en efecto, ha evitado separar al «yo» del pensamiento; pero lo ha hecho sin partir del «yo pienso» en sí mismo, en su contenido esencial completo como un «yo pienso algo», y sobre todo, sin ver lo que se «presupone» ontológicamente al tomar el «yo pienso algo» como una característica básica del Ser. Pues incluso el «yo pienso algo» no es suficientemente definido ontológicamente como punto de partida, porque ese «algo» permanece indefinido. Si por este «algo» entendemos una entidad *dentro del mundo*, entonces implica tácitamente que el *mundo* ha sido presupuesto; y este mismo fenómeno del mundo codetermina el estado del Ser del «yo», si es que es posible que el «yo» sea algo como un «yo pienso algo». Al decir «yo», tengo en mente la entidad que en cada caso soy como un «yo-soy-en-un-mundo». Kant no percibió el fenómeno del mundo y fue lo suficientemente consecuente como para mantener las «representaciones» separadas del contenido *a priori* del «yo pienso». Pero, como consecuencia, el «yo» se vio nuevamente forzado a ser un sujeto *aislado*, acompañando a las representaciones de una manera ontológicamente bastante indefinida. *Al decir «yo», el Dasein se expresa como Ser-en-el-mundo*. Pero, ¿acaso decir «yo» de manera cotidiana se considera a sí mismo *como* ser-en-el-mundo [*in-der-Welt-seiend*]? Aquí debemos hacer una distinción. Al decir «yo», el Dasein sin duda se refiere a la entidad que, en cada caso, es él mismo. Sin embargo, la interpretación cotidiana del Sí mismo tiende a entenderse en términos del «mundo» con el que se relaciona. Cuando el Dasein se considera a sí mismo ónticamente, *no logra verse* en relación con el tipo de Ser de esa entidad que él mismo es. Y esto se aplica especialmente al estado básico del Dasein, el Ser-en-el-mundo. —de El Ser y el Tiempo. Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, págs. 367-370.
– Martin Heidegger –


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Pero ¿cómo es posible que, si bien el «yo pienso» le da a Kant un auténtico punto de partida fenomenal, no pueda explotarlo ontológicamente y tenga que recurrir al «sujeto», es decir, a algo *sustancial*? El «yo» no es solo un «yo pienso», sino un «yo pienso algo». ¿Y acaso Kant no insiste en que el «yo» permanece relacionado con sus representaciones y no sería nada sin ellas? Para Kant, sin embargo, estas representaciones son lo «empírico», que está «acompañado» por el «yo»: las apariencias a las que el «yo» se «aferra». Kant no muestra en ningún momento el tipo de Ser de este «aferramiento» y «acompañamiento». En el fondo, sin embargo, su tipo de Ser se entiende como el Ser constante y presente del «yo» junto con sus representaciones. Kant, en efecto, ha evitado separar al «yo» del pensamiento; pero lo ha hecho sin partir del «yo pienso» en sí mismo, en su contenido esencial completo como un «yo pienso algo», y sobre todo, sin ver lo que se «presupone» ontológicamente al tomar el «yo pienso algo» como una característica básica del Ser. Pues incluso el «yo pienso algo» no es suficientemente definido ontológicamente como punto de partida, porque ese «algo» permanece indefinido. Si por este «algo» entendemos una entidad *dentro del mundo*, entonces implica tácitamente que el *mundo* ha sido presupuesto; y este mismo fenómeno del mundo codetermina el estado del Ser del «yo», si es que es posible que el «yo» sea algo como un «yo pienso algo». Al decir «yo», tengo en mente la entidad que en cada caso soy como un «yo-soy-en-un-mundo». Kant no percibió el fenómeno del mundo y fue lo suficientemente consecuente como para mantener las «representaciones» separadas del contenido *a priori* del «yo pienso». Pero, como consecuencia, el «yo» se vio nuevamente forzado a ser un sujeto *aislado*, acompañando a las representaciones de una manera ontológicamente bastante indefinida. *Al decir «yo», el Dasein se expresa como Ser-en-el-mundo*. Pero, ¿acaso decir «yo» de manera cotidiana se considera a sí mismo *como* ser-en-el-mundo [*in-der-Welt-seiend*]? Aquí debemos hacer una distinción. Al decir «yo», el Dasein sin duda se refiere a la entidad que, en cada caso, es él mismo. Sin embargo, la interpretación cotidiana del Sí mismo tiende a entenderse en términos del «mundo» con el que se relaciona. Cuando el Dasein se considera a sí mismo ónticamente, *no logra verse* en relación con el tipo de Ser de esa entidad que él mismo es. Y esto se aplica especialmente al estado básico del Dasein, el Ser-en-el-mundo. —de El Ser y el Tiempo. Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, págs. 367-370.


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Martin Heidegger


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