
¿Cuál es el motivo de esta forma «fugitiva» de decir «yo»? Está motivada por la caída del Dasein; pues al caer, *huye* de sí mismo hacia el «ellos». Cuando el «yo» habla de manera «natural», esto lo realiza el «ellos». Lo que se expresa en el «yo» es ese Ser que, proximalmente y en su mayor parte, no soy auténticamente. Cuando uno está absorto en la multiplicidad cotidiana y la rápida sucesión [*Sich-jagen] de aquello que le preocupa, el Ser del «yo me preocupo» olvidadizo se muestra como algo simple que es constantemente el mismo pero indefinido y vacío. Sin embargo, uno es aquello que le preocupa. En la forma óntica «natural» en que habla el «yo», el contenido fenoménico del Dasein que uno tiene en mente en el «yo» se pasa por alto; pero esto *no justifica que nos unamos a esta omisión*, ni que impongamos a la problemática del Yo un horizonte ‘categorial’ inapropiado cuando interpretamos el «yo» ontológicamente. Por supuesto, al negarnos a seguir la forma cotidiana en que habla el «yo», nuestra interpretación ontológica del «yo» no ha *resuelto* el problema; pero sí ha *prescrito la dirección* para cualquier investigación posterior. En el «yo», tenemos en mente esa entidad que uno es en el «ser-en-el-mundo». El ser-ya-en-un-mundo, sin embargo, como ser-junto-a-lo-listo-a-mano-dentro-del-mundo, significa equiprimordialmente que uno está por delante de sí mismo. Con el «yo», lo que tenemos en mente es esa entidad para la cual la *cuestión* es el Ser de la entidad que es. Con el «yo», el cuidado se expresa, aunque de forma proximal y mayormente en la manera «fugitiva» en que el «yo» habla cuando se preocupa por algo. El «ellos» sigue diciendo «yo» con mayor fuerza y frecuencia porque, en el fondo, no es auténticamente él mismo y evade su auténtica potencialidad de Ser. Si la constitución ontológica del Sí mismo no se remonta ni a una sustancia «yo» ni a un «sujeto», sino que, por el contrario, la manera fugitiva y cotidiana en que seguimos diciendo «yo» debe entenderse en términos de nuestra auténtica potencialidad de Ser, entonces la proposición de que el Sí mismo es la base del cuidado y está constantemente presente, sigue sin ser válida. La identidad del Sí mismo se discierne existencialmente solo en la auténtica potencialidad de Ser-uno-Sí mismo; es decir, en la autenticidad del Ser del Dasein como cuidado. En términos de cuidado, se aclara la *constancia del Sí mismo*, como la supuesta persistencia del *sujeto*. Pero el fenómeno de esta auténtica potencialidad-para-Ser también nos abre los ojos a la *constancia del Sí mismo*, en el doble sentido de firmeza y constancia, que es la *auténtica* contraposibilidad a la no-constancia del Sí mismo, característica de la caída irresoluta. Existencialmente, la “*constancia del Sí mismo*” no significa otra cosa que resolución anticipatoria. La estructura ontológica de dicha resolución revela la existencialidad de la autoconciencia del Sí mismo. —de *Ser y Tiempo*. Traducido por John Macquarrie y Edward Robinson, pp. 368-369

Martin Heidegger
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