
Hasta donde sabemos, los diminutos fragmentos del universo encarnados en el ser humano son los únicos centros de pensamiento y responsabilidad en el mundo visible. Siendo así, la aparición de la mente humana ha sido hasta ahora la etapa final del despertar del mundo; y todo lo anterior, el esfuerzo de innumerables centros que se arriesgaron a vivir y creer, parece haber perseguido, por caminos rivales, el objetivo que nosotros hemos alcanzado hasta este punto. Todos son afines a nosotros, pues todos estos centros —aquellos que dieron origen a nuestra existencia y los muchos más numerosos que produjeron distintas líneas, muchas de las cuales se han extinguido— pueden considerarse comprometidos con el mismo empeño hacia la liberación definitiva. Podemos imaginar, pues, un campo cósmico que convocó a todos estos centros ofreciéndoles una oportunidad efímera, limitada y arriesgada para progresar hacia una consumación inimaginable. Y creo que así es también como se sitúa un cristiano al adorar a Dios.
Conocimiento personal

Michael Polanyi
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