
No solo existen preguntas sin sentido, sino que muchos de los problemas con los que el intelecto humano se ha atormentado resultan ser meros «pseudoproblemas», pues solo pueden formularse en términos de preguntas sin sentido. Muchos de los problemas tradicionales de la filosofía, la religión o la ética son de este tipo. Consideremos, por ejemplo, el problema de la libertad de la voluntad. Usted sostiene que es libre de tomar el camino de la derecha o el de la izquierda. Le reto a que establezca un único criterio objetivo que le permita demostrar, después de haber tomado un camino, que podría haber tomado el otro. El problema carece de sentido en el ámbito de la actividad objetiva; solo se relaciona con mis sentimientos subjetivos personales al tomar la decisión.
La naturaleza de la teoría física

Percy Williams Bridgman
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