
Si los europeos hubieran tenido tantos conocimientos de astronomía y geología cuando se introdujo la Biblia entre ellos como los tienen ahora, jamás habría existido un solo creyente en la doctrina de la inspiración. Si los autores de las distintas partes de la Biblia hubieran tenido tantos conocimientos científicos como los que tiene hoy todo hombre inteligente, el libro jamás se habría podido escribir. Fue fruto de la ignorancia y su autor lo ha creído y defendido. Ha perdido fuerza en proporción al conocimiento humano. Hace unos años, se recurría a este libro para resolver todas las cuestiones científicas; pero ahora, incluso el clero confiesa que en tales asuntos ha dejado de tener autoridad. Para el establecimiento de hechos, la palabra del hombre se considera ahora mucho mejor que la palabra de Dios. En el mundo de la ciencia, Jehová fue superado por Copérnico, Galileo y Kepler. Todo lo que Dios le reveló a Moisés, admitiendo que todo el relato es cierto, es polvo y ceniza comparado con los descubrimientos de Descartes, Laplace y Humboldt. De hecho, la Biblia ha dejado de ser considerada un referente. La ciencia ha logrado romper las ataduras de la teología. Hace unos años, la ciencia se esforzaba por demostrar su coherencia con la Biblia. Ahora, la situación se ha invertido y la religión intenta demostrar que la Biblia no es incompatible con la ciencia. El estándar ha cambiado.
Algunos errores de Moisés

Robert G. Ingersoll
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