
Luego están los placeres plenamente intencionales, que, si bien están de alguna manera ligados a la experiencia sensorial o perceptiva, son modos de exploración del mundo. Los placeres estéticos son así. Son contemplativos: implican el estudio de un objeto FUERA del yo, al que se LE DA algo (a saber, atención y todo lo que de ella se deriva), y no SE LE TOMA, como en el placer que proviene de las drogas y las bebidas. Por lo tanto, tales placeres no son adictivos: no existe una vía hacia la recompensa que pueda ser interrumpida, y una inyección de serotonina no es una forma barata de obtener la experiencia de PARISFAL o EL MERCADER DE VENECIA.
Sobre la naturaleza humana

Roger Scruton
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