
Aelin dio un paso adelante. Un paso, como aturdida. Soltó un suspiro tembloroso, y un pequeño gemido salió de ella: un sollozo. Y entonces corrió por el callejón, volando como si el viento mismo la empujara. Se abalanzó sobre el hombre, chocando contra él con tanta fuerza que cualquier otro se habría estrellado contra la pared de piedra. Pero el hombre la agarró, sus enormes brazos la rodearon con fuerza y la levantaron. Nesryn intentó acercarse, pero Aedion la detuvo con una mano en su brazo. Aelin reía mientras lloraba, y el hombre simplemente la sostenía, su cabeza encapuchada enterrada en su cuello. Como si la estuviera respirando. «¿Quién es ese?» preguntó Nesryn. Aedion sonrió. «Rowan.
Reina de las Sombras

Sarah J. Maas
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