
El «complejo de la moda y la belleza», que representa los intereses corporativos de estas industrias, ha suplantado, según Bartky, a la familia y la iglesia como «principales productores y reguladores de la «feminidad»» (1990, p. 39). Este complejo se presenta ante las mujeres con el objetivo de «glorificar el cuerpo femenino y brindar oportunidades para la indulgencia narcisista», pero en realidad su propósito es «menospreciar el cuerpo de la mujer y asestar un golpe a su narcisismo» para que compre más productos. El resultado es que la mujer se siente constantemente incompleta y que su cuerpo requiere «alteraciones o medidas heroicas simplemente para conservarlo» (p. 39).
Belleza y misoginia: prácticas culturales perjudiciales en Occidente

Sheila Jeffreys
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