
El comportamiento «amable» surge de forma natural cuando nuestra neurocepción detecta seguridad y promueve estados fisiológicos que favorecen la conducta social. Sin embargo, la conducta prosocial no se produce cuando nuestra neurocepción interpreta erróneamente las señales ambientales y desencadena estados fisiológicos que favorecen las estrategias defensivas. Al fin y al cabo, «amable» no es una conducta apropiada ni adaptativa en situaciones peligrosas o que ponen en riesgo la vida. En estas situaciones, los humanos, al igual que otros mamíferos, reaccionan con sistemas de defensa neurobiológicos más primitivos. Para crear relaciones, los humanos deben controlar estas reacciones defensivas para interactuar, vincularse y formar lazos sociales duraderos. Los humanos poseen sistemas neuroconductuales adaptativos tanto para la conducta prosocial como para la defensiva.
La teoría polivagal: fundamentos neurofisiológicos de las emociones, el apego, la comunicación y la autorregulación.

Stephen W. Porges
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